No probé la retatrutida porque tuviera problemas para perder peso sin ella. Al contrario. Sé contar calorías, mantener un déficit y llevar la dieta bajo control. Veía Ozempic y otros fármacos agonistas del receptor GLP-1 más bien como un lujo innecesario. Pero no quería descartarlos solo porque yo podía hacer dieta sin ellos.
Quería comprobar en primera persona qué se siente realmente al usar una sustancia de este tipo. Esperaba, sobre todo, tener menos hambre. Sin embargo, la mayor sorpresa vino por otro lado: después de una comida copiosa y grasa tenía una sensación de pesadez durante varias horas.
Mi experiencia, en pocas palabras
- Con una dosis baja, durante las dos primeras semanas no tenía claro si notaba algo.
- El hambre no desapareció por completo. Más bien dejé de sentir la misma urgencia por comer y una ración más pequeña empezó a bastarme.
- Con una dosis más alta, las comidas copiosas o grasas me dejaban pesadez, presión abdominal y náuseas.
- Ni mi día a día ni mi rendimiento en el gimnasio cambiaron de forma significativa.
- Mis ganas de fumar no cambiaron.
- Si el único objetivo era terminar la definición, el experimento no me compensó. Su principal valor fue la experiencia en sí: ahora entiendo mejor cómo este tipo de sustancias pueden cambiar la relación con la comida y por qué pueden ayudar tanto a alguien que convive con un hambre constante.
Punto de partida: el final de una fase de definición, no un tratamiento para la obesidad
Mido 188 centímetros y al empezar pesaba unos 85 kilos, con un 12 % de grasa corporal estimado. Entreno fuerza con regularidad, no suelo tener problemas con el hambre y mantengo el peso sin demasiada dificultad. No incorporé la retatrutida hasta una fase más exigente de la dieta, cuando quería acercarme al 10 % de grasa corporal.
Precisamente por eso era bastante escéptico ante este tipo de sustancias. Pensaba: si el déficit calórico funciona, ¿por qué inyectarse algo solo para adelgazar? Más adelante vi el punto débil de ese razonamiento. Daba por hecho que los demás sentían el hambre de una forma parecida a la mía.
¿Por qué elegí precisamente la retatrutida? Me interesaba porque era una sustancia nueva, todavía en investigación; quería conocer su efecto durante una fase de definición y podía conseguirse como research chemical. No tenía obesidad ni buscaba un tratamiento. Solo quería probar cómo actuaría al final de la dieta.
La retatrutida activa los receptores GLP-1, GIP y glucagón. No tiene sentido volver a explicar aquí toda la farmacología. Para mi relato, lo importante es que los efectos adversos más frecuentes en los ensayos fueron gastrointestinales y su incidencia dependía de la dosis.4
Cronología: cuatro semanas y una titulación demasiado rápida
La tabla refleja lo que hice entonces; no es una pauta recomendada. Repartía la dosis semanal total entre el lunes y el jueves, mientras que en los ensayos clínicos se administraba una vez a la semana.
| Periodo | Total por semana | Qué noté |
|---|---|---|
| Semana 1 | 0,5 mg | Nada concluyente. Lo que noté podría haber sido un efecto placebo. |
| Semana 2 | 0,5 mg | Si no tenía comida a mano, no sentía la necesidad de ir a buscarla enseguida. |
| Semana 3 | 1 mg | Me bastaba una ración más pequeña y no tenía efectos adversos claros. |
| Semana 4 | 2 mg | Las comidas copiosas provocaban presión abdominal y náuseas. Aquí lo dejé. |
Aceleré la titulación porque la dieta llegaba a su fin y no quería usar retatrutida durante mucho tiempo. Mirándolo con perspectiva, fue demasiado rápido. La retatrutida tiene una semivida biológica de unos seis días, y yo volvía a aumentar la dosis antes de que la concentración pudiera acercarse al estado estacionario.5 Por eso no podía distinguir el efecto de una dosis concreta de la acumulación progresiva de retatrutida en el organismo.
Explico por qué dividí la dosis y qué razonamiento seguí en mi artículo sobre retatrutida en fase de definición y dosis divididas. Aquí me centraré en mi propia experiencia.
El hambre no desapareció. La comida empezó a «castigarme»
Esperaba un efecto sencillo: menos hambre, comer menos. En mi caso fue más sutil. Seguía teniendo hambre, quizá algo menos. La diferencia principal estaba en cómo me sentía después de comer.
Una ración pequeña, una ensalada o una comida normal de unos cientos de calorías no suponían ningún problema. Pero en cuanto comía una hamburguesa grande, un kebab, una pizza u otra ración copiosa y grasa, el estómago me lo hacía notar con claridad. No me encontraba mal sin motivo. El malestar aparecía sobre todo después de comer demasiado de una vez.
Lo entendí del todo antes de un entrenamiento. Normalmente hacía una comida de unas 900 calorías unos 90 minutos antes de entrenar, con bastantes hidratos, grasas y proteínas. Aquella vez fui al gimnasio con presión abdominal y náuseas leves. No vomité ni tenía la sensación de que fuera a hacerlo, pero durante varias horas noté que me había pasado con la ración.
Desde entonces empecé a pensar en la comida de otra manera. Cuando alguien proponía pedir una pizza, me bastaba con imaginar cómo me sentaría. No se trataba solo de saciedad. Rápidamente empecé a asociar una ración grande con varias horas de malestar. A partir de ahí, elegía comidas más pequeñas y ligeras de forma casi automática.
Esta es mi observación, no una regla aplicable a todo el mundo. Una única experiencia personal no permite afirmar que la retatrutida vaya a cambiar el apetito de todos ni que todo el mundo vaya a encontrarse mal después de una comida grasa.
Vida diaria y rendimiento en el gimnasio
La retatrutida no alteró demasiado mi vida cotidiana. Una comida normal en un restaurante no era un problema. En una celebración también habría comido con normalidad; probablemente habría saltado algún plato o evitado el picoteo continuo en el bufé. Las patatas de bolsa, las tapas y otros aperitivos a lo largo de la velada simplemente me apetecían menos de lo habitual.
En el gimnasio no noté una caída directa del rendimiento ni un cansancio fuera de lo normal. Si controlaba bien los hidratos y no comía una ración absurdamente grande antes de entrenar, funcionaba con normalidad. La fuerza se mantuvo igual o bajó ligeramente, algo que considero normal al final de una dieta. Durante ese periodo no hice esprints ni entrenamientos largos de resistencia, así que no sé cómo habría afectado la retatrutida a ese tipo de esfuerzo.
También quería saber si cambiarían mis ganas de fumar. No cambiaron. Fumaba lo mismo que antes y el único efecto que noté tenía que ver con la comida.
Algunos días también tomaba kratom, lo que complica la interpretación. Precisamente esos días notaba más tensión abdominal y sufría estreñimiento. Pero no puedo saber si aquello se debía a la combinación de sustancias, a la propia retatrutida, al kratom, a la hidratación o a la composición de la dieta. Sería deshonesto presentarlo como una interacción demostrada.
¿Cuánto peso perdí con la retatrutida?
He decidido no incluir la cifra de kilos perdidos. Durante ese periodo también contaba calorías, mantenía un déficit y habría terminado la dieta incluso sin retatrutida. Por tanto, no puedo atribuir el cambio de peso a una sola sustancia.
Solo puedo decir esto: si no hubiera contado las calorías, probablemente habría comido menos. Me bastaban raciones más pequeñas y no me apetecían las comidas copiosas y grasas. Pero es una deducción basada en mi propio comportamiento, no un resultado medido.
Qué pasó después de dejar la retatrutida
Cuando llegué a 2 mg, la dieta ya estaba cerca de terminar y yo estaba bajando del 10 % de grasa corporal. Algunos días me costaba comer lo suficiente para mantener el peso si no me esforzaba conscientemente por hacerlo. Seguir suprimiendo el apetito ya no tenía sentido, así que dejé de usarla.
El efecto no desapareció de un día para otro, algo que no resultó sorprendente dada la semivida biológica de unos seis días.5 Volví a la normalidad de forma gradual. Una de las primeras señales fue que regresaron las ganas de dulce, que prácticamente habían desaparecido durante el experimento.
Cómo cambió la retatrutida mi visión del tratamiento de la obesidad
Antes del experimento lo veía de una forma sencilla: instálate una aplicación, cuenta calorías y adelgazarás. El balance energético sigue siendo determinante para perder peso. Fue durante el experimento cuando entendí hasta qué punto controlar la ingesta puede resultar más difícil para unas personas que para otras.
Parece que no suelo pasar tanta hambre como muchas otras personas. No puedo extrapolar mi experiencia con la dieta a alguien que piensa en comida durante todo el día y para quien cada déficit es un sufrimiento. Si existe un tratamiento aprobado con una relación favorable entre beneficios y riesgos para su situación concreta, no considero que utilizarlo sea una falta de disciplina.
Eso no significa que recomiende a los demás lo que yo hice. Un tratamiento de la obesidad bajo supervisión médica es algo distinto de mi breve experimento al final de una dieta.
¿Mereció la pena?
En términos puramente prácticos, no. Habría terminado la dieta sin retatrutida. La titulación rápida también me creó un problema que antes no tenía: algunos días, comer lo suficiente para entrenar y mantener el peso se convirtió en una obligación.
Como experiencia, en cambio, sí. Ya no tengo que imaginar cómo una sustancia de este tipo puede cambiar la percepción del hambre, el tamaño de las raciones y la relación con la comida en general. Lo viví. También entendí que los efectos adversos no demuestran que una sustancia «por fin funciona». Cuando una dosis más baja ya cumplía el objetivo, no había ningún motivo razonable para aumentarla solo para notar un efecto más intenso.
Si me fijo solo en cómo llevé el experimento, el mayor error fue el ritmo. Pasé demasiado poco tiempo con cada dosis e intenté encajarlo todo antes de que terminara la dieta. Ni siquiera la tabla más meticulosa puede convertirlo en un experimento controlado.
Preguntas frecuentes
¿Cómo afectó la retatrutida a mi hambre?
El hambre no desapareció por completo, pero ya no sentía tanta urgencia por comer y una ración más pequeña me saciaba. La mayor diferencia fue que no me apetecían comidas copiosas y pesadas porque me sentaban mal.
¿Qué efectos secundarios tuve?
Presión y sensación de plenitud en el abdomen, náuseas leves después de raciones grandes y estreñimiento ocasional. No vomité; las náuseas solo aparecían después de comer.
¿Afectó la retatrutida a mi rendimiento en el gimnasio?
En mi caso, no de forma directa. Tuve que ajustar el tamaño y el momento de la comida previa al entrenamiento. Atribuí el ligero descenso de fuerza al déficit calórico, no a la retatrutida.
¿Volvería a tomarla?
No, para una dieta similar no. Para mí, la experiencia en sí y el cambio de perspectiva tuvieron más valor que el resultado en la báscula.
Fuentes
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ClinicalTrials.gov. A Study of Retatrutide (LY3437943) in Participants Who Have Obesity or Overweight (TRIUMPH-1). NCT05929066. Ensayo de fase 3; estado «Completed», última actualización el 3 de junio de 2026. Registro del estudio. Consultado el 22 de julio de 2026. ↩
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U.S. Food and Drug Administration. FDA’s Concerns with Unapproved GLP-1 Drugs Used for Weight Loss. En esta página, la FDA incluye la retatrutida entre las sustancias GLP-1 no aprobadas. FDA. Consultado el 22 de julio de 2026. ↩
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European Commission. Union Register of medicinal products for human use. La retatrutida no figura en el registro como un medicamento con una autorización de comercialización válida para su uso en la UE. Union Register. Consultado el 23 de julio de 2026. ↩
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Jastreboff AM, Kaplan LM, Frías JP, et al. Triple–Hormone-Receptor Agonist Retatrutide for Obesity — A Phase 2 Trial. N Engl J Med. 2023;389:514–526. DOI: 10.1056/NEJMoa2301972. El estudio indica que los efectos adversos más frecuentes fueron gastrointestinales, dependían de la dosis y eran en su mayoría de intensidad leve o moderada. ↩
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Urva S, Coskun T, Loh MT, et al. LY3437943, a novel triple GIP, GLP-1, and glucagon receptor agonist in people with type 2 diabetes: a phase 1b, multicentre, double-blind, placebo-controlled, randomised, multiple-ascending dose trial. Lancet. 2022;400:1869–1881. DOI: 10.1016/S0140-6736(22)02033-5. El estudio indica una semivida de aproximadamente seis días. ↩ ↩2
